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A) Fases en el ciclo biológico de la vid

El ciclo biológico de la vid, que se repite anualmente en seis fases: brotación, foliación, floración, fecundación y fructificación, envero y maduración. Un ciclo acompañado de labores específicas. Toda una evolución que merece el estudio detenido del viticultor para conseguir el rendimiento esperado de una tierra muy trabajada.

 

Brotación

Al inicio de la primavera, aún en marzo, la vid empieza a nacer. Por la planta corre la savia -sustancia líquida que circula por los vasos conductores y de la que se nutren sus células- y aparecen los brotes o yemas, que marcan el principio de un nuevo ciclo anual. En los meses de marzo y abril brotan sobre los desnudos sarmientos -ramas leñosas- los pámpanos -brotes o tallos nuevos, verdes, tiernos y delgados-, que crecerán hasta convertirse en hojas. La vid despierta de su letargo invernal y tras su periodo de reposo, se efectúa una primera cava -movimiento o labor del terreno- y se entierran las malas hierbas. La tierra se labra, se abona y se trata para eliminar los insectos nocivos. De esta forma se airea para favorecer un nuevo crecimiento de las raíces y el conjunto de la vida del suelo se reactiva. En esta época es cuando surge el primer peligro importante para la planta: las inoportunas heladas primaverales.

 

Foliación

 

La foliación o aparición de las hojas se produce en abril y mayo. Las hojas, con sus múltiples funciones, son los órganos más importantes de la vid. Transforman la savia bruta en elaborada y ejecutan las funciones vitales de la planta: transpiración, respiración y fotosíntesis. Es en ellas donde, con el oxígeno y el agua, se forman las moléculas de los ácidos y azúcares que se acumularán en el grano condicionando su sabor, a partir de una sustancia verdosa -clorofila- que capta de los rayos del sol la energía suficiente para realizar estos procesos. Es el momento, si la viña está formada sobre soportes y no en vaso (es decir, no formando pequeños matojos sin soportes, como en gran parte de la España seca), de instalar nuevas estacas (palos que se clavan en la tierra) antes de plantar las vides. Es el periodo también de la reparación de las espalderas (soportes alámbricos de forma horizontal en filas sujetas por piquetas o estacas pequeñas de maderas) y de la plantación de las vides nuevas con portainjertos (raíces de vid americana resistente a la filoxera) ya injertados con madera de la casta deseada, o plantando los portainjertos solos para injertar la madera al año siguiente.

Floración

 

A finales de mayo o principios de junio aparecen los embriones de las flores y la floración se produce en pleno mes de junio. Las flores son blancas y minúsculas. Si la viña está sobre espaldera, se emparran los sarmientos nuevos -situados en forma de parras sobre unas estructuras metálicas horizontales- y continúan los tratamientos preventivos de la tierra. El tiempo se convierte entonces en un factor decisivo para el crecimiento de la flor, por lo que el viticultor teme mucho la lluvia y prefiere un cálido sol. Llega la hora de la despampanadura o supresión de los pámpanos estériles surgidos del tronco o de las ramas. Puede realizarse también en el suelo una segunda cava o binadura. Por otra parte, la floración determina ya el volumen de la cosecha y la fecha de comienzo de la vendimia: una floración tardía supone una vendimia tardía.

Fecundación y fructificación

Las flores dan pequeños frutos a finales de junio o en julio. Éstos surgen muy verdes, pues están saturados de clorofila, y a partir de aquí toda la planta empieza a ponerse al servicio del fruto que poco a poco irá creciendo. Se lleva a cabo una nueva cava y más tratamientos si son necesarios. Se pasa a limpiar la vid podando los vástagos -tallos nuevos que brotan al pie de la cepa- más largos y, si la planta es demasiado abundante, se ejecutan las llamadas ‘vendimias en verde’ o aclareos, eliminando una parte de los racimos jóvenes para limitar los rendimientos.

Envero

El momento en que la uva cambia de color recibe el nombre de envero y se efectúa a lo largo del verano. Del verde pasará al amarillo, si la variedad es blanca, y al rojo claro, que se irá oscureciendo, si es tinta. En el mes de agosto se produce un segundo aclareo y se continúa con los tratamientos. El aclareo es una operación que requiere mucho cuidado y que consiste en retirar racimos, durante el verano y antes de la maduración, para que el número y el reparto de los restantes sean compatibles con el nivel de maduración deseado con vistas a la vendimia.

Maduración y vendimia

Entre los meses de agosto y octubre hasta la llegada de la vendimia se sitúa el proceso de maduración. En su transcurso, los ácidos van cediendo terreno a los azúcares procedentes de la frenética actividad ejercida por las hojas, gracias a la fotosíntesis -proceso por el que la planta elabora la sustancia orgánica a partir de la luz-. Los troncos de las cepas también acaban contribuyendo al dulzor de la uva, puesto que actúan como acumuladores de azúcares. Por ese motivo, algunos creen que las vides viejas son capaces de proporcionar un fruto más regular y una calidad más constante. La uva debe estar bien madura para ser recolectada, aunque su contenido en azúcares no es el único criterio que se sigue a la hora de la vendimia -más azúcar, menos acidez-, que dependerá del tipo de vino a conseguir. En septiembre, el sol es vital para que las uvas lleguen a su plena madurez y la ausencia de lluvia permitirá recoger un fruto que no esté hinchado de agua. La vigilancia del viñedo sigue siendo indispensable y la protección puede seguir siendo necesaria si subsisten riesgos de desarrollo de enfermedades: se rocían las viñas con sulfato de cobre para evitar hongos microscópicos y prolongar lo más posible el ciclo de la vid.